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El valor del medicamento

La industria farmacéutica, sector innovador

La industria farmacéutica es una actividad económica singular puesto que el producto que investiga, fabrica y comercializa, el medicamento, constituye un fin de primer orden social, y porque el Estado juega un doble papel, como regulador y principal cliente, que incide de forma muy intensa sobre la actividad farmacéutica.

A esto hay que añadir el hecho de que es en esta industria donde recae el peso de investigar y poner a disposición de nuestra sociedad los nuevos fármacos que den solución a problemas de salud que hoy no la tienen.

Estas circunstancias, junto con los elevados requerimientos tecnológicos, convierten a la industria biomédica en una actividad estratégica en las sociedades avanzadas. Prueba de ello es que, en España, la producción anual de medicamentos supera anualmente los 10.000 millones de euros, da empleo a unas 40.000 personas, aproximadamente un tercio de las cuales son tituladas, y anualmente destina alrededor de 600 millones de euros anuales a I+D.

La industria farmacéutica, además, se ha convertido en el sector que, tanto en términos absolutos como relativos, más innova en nuestro país, y mientras que su peso específico en nuestra economía ronda el 2 por ciento, en investigación y desarrollo supera el 18 por ciento.

El reconocimiento y apoyo de toda la industria biomédica radicada en España a la innovación se pone de manifiesto con datos como que las compañías de capital nacional realizan el 40 por ciento del gasto en I+D y el 60 por ciento restante es ejecutado por compañías de capital extranjero.

A pesar de que el farmacéutico es un sector, en términos generales, bastante saneado en España, concurren en él una serie de condicionantes que le hacen extremadamente sensible, como son el riesgo que conlleva la actividad investigadora propia de esta industria y la incertidumbre que acarrea una actividad fuertemente regulada e intervenida como es ésta. Todo ello hace que la influencia del entorno sea fundamental en el desarrollo de su actividad, y que el elemento clave de reivindicación de la industria farmacéutica sea la existencia de un marco regulador estable que permita que los largos periodos de recuperación de las inversiones en la investigación y desarrollo de nuevos fármacos no se vea alterada por cambios normativos significativos que modifiquen el perfil de rentabilidad esperada de una inversión ya de por sí sujeta a grandes riesgos.

En esta línea resultan imprescindibles amplias políticas de apoyo a la I+D farmacéutica que, por una parte, profundicen en la fiscalidad y en las ayudas financieras y, por otra, faciliten su realización en España de estas tareas, por ejemplo, facilitando los ensayos clínicos.

En paralelo, es necesario que se recompense la innovación que realiza la industria tanto en los precios como en las condiciones de financiación de los nuevos productos, acorde a la inversión realizada en I+D y al riesgo soportado. La eliminación de amenazas derivadas de la introducción de elementos de farmacoeconomía así como el reconocimiento del valor que aportan las innovaciones incrementales en el avance de la terapéutica medicamentosa, resultan imprescindibles.

Otro elemento clave para el desarrollo de este sector es garantizar la unidad del mercado nacional, evitando la introducción de condiciones de prescripción o dispensación diferentes en cada comunidad autónoma, y desarrollando una normativa regulatoria de la demanda común en toda la geografía nacional. La fragmentación del mercado farmacéutico español, que actualmente es el quinto de la Unión Europea, en 17 mercados de pequeño tamaño supondría una regresión en el sector de consecuencias industriales y económicas irreparables.

Por otra parte, para conseguir una mayor eficiencia del sistema es preciso que se aborden reformas estructurales enérgicas, sobre la base de un amplio consenso político, que introduzcan una mayor eficiencia y ahorros en el Sistema Nacional de Salud.

No podemos ignorar que el envejecimiento de la población, el fenómeno migratorio, las mejoras tecnológicas y la medicina preventiva -cada vez más desarrollada en España- producen un aumento del consumo y un crecimiento del gasto farmacéutico en las sociedades desarrolladas por encima de los que lo hace el PIB.

La vía utilizada, hasta ahora, para su sostenibilidad presupuestaria, mediante la reducción sistemática de los precios, está agotada; hay que trabajar sobre la demanda. En este escenario parece necesario, además, destinar más recursos para la salud, introduciendo elementos que supongan una mayor corresponsabilidad de los usuarios y un mejor uso de los medicamentos pues de lo contrario se hace inevitable financiar el gasto con nuevos recursos públicos.

 
 
   


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