| ¿Con
qué intención echó a andar Eòlia
hace cinco años?
Con la intención de convertirnos en la alternativa
privada al Institut del Teatre. Pero no en una alternativa
cualquiera, sino en una que tuviera un plan de estudios elaborado
en el que se conjugara la participación de profesionales
en activo con un programa abierto y participativo, un programa
capaz de evolucionar al mismo ritmo que lo hace la profesión
y donde la emoción sirviera como hilo argumental y
como nexo de unión de todo el ciclo académico.
¿Qué balance haría de su funcionamiento?
Muy positivo, sin duda. Empezamos con pocos medios y hemos
crecido bastante en poco tiempo a base de esfuerzo y de amor
por lo que hacemos. El último empujón ha sido
la asociación con Dagoll Dagom y Tricicle, que nos
ha permitido ocupar nuestras instalaciones actuales y mejorar
nuestra oferta, nuestros cursos y nuestros servicios. Hoy
puedo decir que somos algo más que una escuela de ates
escénicas: somos un centro abierto a todo tipo de actividades
culturales, como demuestra la exposición que acogemos
de la dibujante e ilustradora Carme Solé Vendrell.
Ella es también quien dirige ese espacio, un espacio
que se potenciará con la organización de lecturas,
la presentación de trabajos discográficos y
diversas actuaciones.
¿A quién se dirige la oferta de Eòlia?
Tenemos dos tipos de alumnos: quienes ven en las artes escénicas
una profesión y los que acuden al centro de forma particular
por libre, por pura afición. A los primeros les ofrecemos
una formación profesional reglada que, tras cuatro
años, permite obtener la titulación en cuatro
especialidades: actor, actor-cantante, voz y canto y doblaje.
A nivel formativo, nuestros cursos están reconocidos
como créditos de libre elección por la Universitat
Autònoma de Barcelona y por la Universitat Rovira i
Virgili. En cuanto a los segundos, les ponemos a su disposición
una franja de formación para niños y jóvenes
que les prepara para que, en el caso de querer acceder a la
formación para adultos, lo hagan con una base sólida.
Habla de especialidades...
Sí. De todos modos, nuestra visión de la enseñanza
es bastante global y procuramos que, aun dentro de la especialización,
haya una serie de contenidos globales que incluyen aspectos
técnicos como la escenografía, la iluminación
o la dramaturgia. Cada especialidad requiere un tratamiento
propio, pero siempre apostamos por ofrecer una visión
conjunta para que los 300 alumnos que tenemos hoy en día
tengan no sólo salidas profesionales en la interpretación,
sino también, por ejemplo, en la docencia o en cualquier
otro ámbito de las artes escénicas.
Si tuviera que definir la filosofía del centro...
Hablaría de implicación, de evolución,
de participación y de un equipo humano formado por
profesionales en activo capaces de transmitir su creatividad
al alumno. Hablo de nombres como Javier Daulte, Josep Galindo,
Marc Martínez, Ferran Madico o Paul Farrington, por
citar sólo algunos ejemplos. Destaco el hecho de que
los profesores seamos profesionales en activo porque creo
que es la única forma de no perder el pulso a las novedades
que pueden aparecer. Entre todos trabajamos para incorporar
las técnicas más avanzadas del panorama internacional
del canto y la interpretación.
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