En pleno 2005
y tras casi tres cuartos de siglo de andadura, el Bufete
Salazar y Soteras sigue mostrando su perfil más
tradicional: el de un despacho de abogados muy cercano
al cliente, que asesora llevando los temas casi a un
terreno de implicación personal, lo que le ha
valido la confianza de una nutrida cartera de clientes.
A pesar de ser un despacho con solera, el Bufete Salazar
y Soteras ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos de
forma eficaz, utilizando todas las herramientas informáticas
al servicio del sector, lo que permite a sus miembros
tener sus conocimientos ampliamente actualizados en
el mismo instante en que dicha actualización
se produce.
Larga tradición en el ejercicio del
derecho
El Bufete Salazar y Soteras nacía en el ya lejano
1934, de la mano de Francisco Salazar, abogado, quien
fundó un pequeño despacho en la calle
Girona de Barcelona, especializado en derecho administrativo,
civil y penal, embrión del actual bufete.
Poco a poco el despacho fue ganando peso y relacionándose
con los principales juristas de la época, en
un tiempo lleno de dificultades, marcado por la guerra
y lo que vendría después, pero consiguiendo
siempre salir adelante con gran capacidad de adaptación
a cada contexto.
En 1961 se incorporaba al bufete Alberto Salazar, hijo
del fundador, quien hoy comparte la dirección
del despacho con su socio, en el área empresarial,
Eduardo Soteras, quien forma parte de él desde
los años 70.
Alberto Salazar recogió el testigo de su padre,
primero en el mismo despacho (más tarde se trasladaría
a su ubicación actual en la Rambla de Catalunya),
trabajando como abogado para numerosas compañías
de seguros y especializándose en Derecho Penal
de Circulación. No en vano, a finales de los
60 creó, en el seno del Colegio de Abogados de
Barcelona, el Colectivo de Abogados de Compañías
de Seguros.
Otras referencias le sitúan como el primer Despacho
de Abogados de la Organización Nacional de Ciegos
de España ONCE en Barcelona, labor que se realizó
por parte del primer titular del despacho hasta su jubilación,
labor que continuó a partir de entonces el despacho
de forma desinteresada; así como también
abogado del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona.
El valor de la experiencia
La incorporación de Eduardo Soteras al bufete
en los años 70 abrió un nuevo campo de
profunda especialización para este despacho,
que ha llegado hasta hoy. Como experto en el área
empresarial, Soteras reforzó y cubrió
ampliamente toda el área de conflictividad de
las empresas, con un asesoramiento siempre personalizado
en el terreno fiscal y los delitos financieros. “En
esta área es muy importante estudiar los problemas
en su inicio, es la mejor manera para neutralizarlos
o en su caso minimizarlos”, afirma Alberto Salazar.
Con la experiencia y los conocimientos acumulados a
lo largo de muchos años de ejercicio profesional
a su favor, el Bufete Salazar y Soteras se perfila hoy
como un despacho pluridisciplinar estructurado en torno
a dos áreas claramente diferenciadas: la de asesoramiento
empresarial o área de negocio, dirigida por Soteras;
y el área jurídica, con Salazar al frente,
ayudado por una serie de colaboradores que completan
el equipo del despacho: Modesto García, abogado
especializado en derecho administrativo, civil y de
familia; Juan Carlos Garrido, experto en derecho penal,
mercantil-penal y concursal; y Joana Triay, especialista
en derecho civil, de familia y urbanístico.
Plena dedicación al cliente
Desde grandes empresas de todos los sectores a pequeños
empresarios, el Bufete Salazar Soteras tiene un sitio
para cada cliente.
Siempre accesibles, ambos socios y todo su equipo atienden
al cliente con dedicación plena, sin seguir las
pautas del reloj, estudiando a fondo cada caso y resolviéndolo
incluso “en horas perdidas”.
El despacho muestra una clara vocación de servicio.
Todo lo que puede hacer por un cliente, lo hace, por
considerar además que es una manera de servir
a la sociedad desde la posición de abogado. Y
eso que muchas veces, como apunta Salazar “no
se trata de hacer lo que el cliente quiere, sino de
no hacerlo, ya que en determinados casos vale más
evitar la demanda que ponerla”. La solución
a un problema, apunta Soteras, “no siempre es
hacer algo, sino dejar de hacerlo y convencer al cliente
de qué es lo que le conviene en cada momento”.
Uno de los principales valores añadidos de Bufete
Salazar y Soteras como despacho de abogados es, además
de su experiencia y su trato personalizado al cliente,
su profundo conocimiento del mundo empresarial, pero
no sólo desde el punto de vista teórico.
Este despacho se implica en cada caso hasta el límite,
conoce a fondo cada una de sus empresas casi mejor que
sus propios clientes y busca la solución desde
dentro de la empresa, sintiendo el problema como suyo
y mostrando una gran responsabilidad sobre él,
dedicando horas y esfuerzos para encontrar la solución,
para llegar al final de la cuestión, donde los
problemas siempre se simplifican y dejan de ser empresariales
para ser humanos. |